


20 octubre:
Salgo pronto con las tres maravillosas lituanas dispuestos a hacer autostop. Dos de ellas consiguen viajar hasta Bremen en el primer coche que les acoge (con una pistola en la guantera y balas en el suelo), mientras que a Vaiva y a mi nos lleva un ejecutivo hasta una gasolinera donde se suele practicar este medio de transporte. Tras preguntar a todos los vehículos que paran a reponer nos damos cuenta que estamos demasiado lejos de Groningen para volver, y demasiado lejos de Alemania para seguir a pie. Finalmente reconocemos una matricula Alemana y el caballero nos lleva hasta la frontera, a unos dos kilómetros de distancia de la estación de tren. Tras estudiar las posibilidades, decidimos comprar los billetes de tren hasta Bremen, pero la maquina solo acepta monedas y el precio son 26 por cabeza.
Voy al Rabobank del pueblo y retiro 60, pero no tienen monedas, y los billetes más pequeños son de 10, así que nos recorremos todos los supermercados, cafés y hoteles de ese pequeño pueblo situado en la frontera del país, en busca de chatarra.
Conseguimos comprar los billetes y, tras hacer tres escalas, llegamos a Bremen 12 horas después de salir de casa, donde subimos al tranvía para encontrarnos con las otras dos chicas e ir a casa del huésped. En casa de ellos (el contacto de coachsurfing de Indre, y sus dos compañeras de piso) duermo en un sofá de cuero, frente a una estantería realizada con botellas y maderas, mientras ellas duermen en una cama de matrimonio.
Por la mañana cogemos el tranvía de nuevo (esta vez pagando) para llegar al aeropuerto. De Bremen a Gerona en avión, y de allí en bus a Barcelona. Metro dirección canyelles, evidentemente, y preparamos unas tapas para cenar.
20-27 octubre:
Reviso toda la ciudad de punta a punta haciendo de guía turístico como excusa para buscar de nuevo el encanto en mi ciudad natal. Sagrada Familia, Parc Güell, Montjuic, CCCB, Ciutadella, Barrio Gótico, Paseo Maritimo, Arco de triunfo, Playa, Laberinto Horta, Pedrera, Casa Batlló. Sensación extraña de poseer tres estancias y no estar en ninguna. El 27 de madrugada se van las mozas.
28octubre-1 noviembre
Cojo el bus con Javi dirección Gerona. Hay atasco en la autovía pero llegamos a tiempo. Al día siguiente llega Edu. Cocinamos de todo. Preparamos nuestro estomago para bombas nucleares. Visitamos todos los coffeshops de Groningen y probamos distintas Marihuanas. Queremos huir de todo, y juntos tenemos más fuerza. Salimos a conocer todos los locales con una paz racional implacable, y con sed de vida. Compramos Psilocybe Mexicana (frutas que aún no han fructificado como seta alucinógena) y nos las comemos (con briks de leche con fresa en el bolsillo como antiácido por si no nos mola el viaje, poder cancelarlo). En nuestro viaje las risas y sonrisas son abundantes. Las luces se exageran, la música que oyes sale de dentro de tu cabeza, es tan fácil dejar de pensar en todo que te sientes jodidamente feliz. Nos sentamos en nuestro parque norte, donde el otoño tiñe nuestro cerebro de naranja, amarillo y verde. Andando entre hojas aparece, probablemente el único del pueblo, perro con una pata mutilada. Trípode se convierte en nuestro chaman. Abandonamos al parque para ir a mi zona zero de movimiento de ladrillos (ver video) a tumbarnos a los pies de un árbol. Nos fundimos con la natura y dibujamos. Por una vez en mi vida, en mi mente no había odio, no había rencor, no habían posesiones, solo hojas danzando entre mis dedos, una sonrisa en mi cara, y unas lagrimas apunto de brotar. Paz espiritual. Petado mental.
Al día siguiente cogemos las bicis para perdernos hacia el oeste, y en las magnitudes de sus prados bailamos con vacas, patos, ovejas y caballos. Escondida en Enumatil encontramos una casa, que Disney ya quisiera poder imaginar, donde nos tomamos un té y somos invitados a ver una galería de arte. Al llegar allí descubrimos que es la propia casa de la artista, la misma que nos invita a entrar y conocer a su marido, sus 4 maravillosos perros, y su encantadora y preciosa hija. Sabe que somos estudiantes de arte y me pide que vuelva el próximo domingo con bocetos.
Al volver nos dirigimos al Groningen Museum y nos recorremos toda la ciudad para aprovechar hasta el último minuto antes de llegar al bar donde hacen el concierto. A las 2.20 parten y me dejan perplejo.
2 noviembre
Gracias a todas estas maravillosas experiencias, he decidido dejar la escuela Minerva (donde soy estudiante en Groningen) y aprovechar la habitación para dejarlo todo. Mañana por la mañana comprare un saco de dormir. Durante la semana comeré toda la comida fresca que me quede, y el domingo, cuando vaya a enseñarle los bocetos a Enumatil, seguiré en esa dirección hasta que mi cuerpo decaiga en el saco de dormir en medio de un prado. Quiero despertarme entre vacas, a millones de kilometres de cualquier cosa real que pueda esclavizar mi mente en la sucia rutina de: casa-universidad-supermercado-bar-casa. Quiero conocer caminos, olvidándome que tengo donde volver. Prefiero morir de frío que pudrirme de conformismo.
Sinceramente, gracias petaos.




